(Fotografía gentileza de la Unión Artesana)

Un 20 de enero.
Con redoble de cocinero.
Palos de madera
Sobre barriles encorsetados
Cucharas de madera
Sobre barro de cazuelas.
Tambores, uniformados.
Respiraciones contenidas
mientras miles de ojos,
fijos,
escuchan al reloj
gritar la media noche:
la bandera encuentra su libertad.
En blancos y azules,
es izada para la ciudad.
Diminutas gotas de mar
en forma de lágrimas
corretean por los rostros donostiarras
hasta llegar de nuevo
a su salado lugar.
Si no lo has vivido,
esta emoción
que te atrapa
y se queda en ti,
es difícil de imaginar.
Chefs o camareros,
Médicos, ingenieros o barrenderos.
Maestras, poetas.
Criadas o señoras de dinero.
Es igual.
El tiempo,
cumpliendo su cometido,
se encarga
de cambiar los protagonistas,
pero todos,
los de antes y los de ahora
nunca podrán evitar
quedar unidos por la magia
de su rítmico retumbar
siguiendo el compás de los corazones
que, orgullosos, claman…
¡Donostia bat bakarra munduan!